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Carlos Fernando Herrero Galindo

Experiencias docentes

Disquisiciones sobre una clase de 5º de Primaria bilingüe

Trabajo en un colegio público de la DAT Este de Madrid. Soy profesor de inglés y el centro, en el que soy definitivo, es bilingüe.

Entramos al son de la música a las 9 de la mañana. Un vez en clase los alumnos pasan lista, digo pasan porque cada día uno de ellos es el encargado de hacerlo diciendo el primer apellido y siendo respondido por el segundo de los presentes (si no tienen segundo porque son extranjeros, son lo suficientemente avispados para responder con el nombre de pila).

Personalmente creo que mis alumnos no tienen mal nivel de inglés, pero todo es mejorable, la pregunta es... ¿Estaré haciendo bien mi trabajo? ¿Es el nivel adecuado que deben tener? ¿Podrían mejorar? Son interrogantes que me asaltan a menudo, sobre todo cuando he terminado de realizar una actividad o un ejercicio que a mi entender debían haber comprendido y no es así; y me vuelvo a preguntar: ¿Cómo es posible hacérselo coprender? ¿Lo he repetido suficientemente? ¿Los motivo lo necesario?

La motivación es un factor muy importante en cualquier tipo de aprendizaje, pero en honor a la verdad he de decir que me paso más del 30% del tiempo de una sesión intentando mantener el orden y atraer la atención de los alumnos. Entonces es cuando me viene el recuerdo de mi etapa de profesor de Español como Lengua Extranjera: en mis clases no éramos más de 8 alumnos. Ahora tengo 22. Demasiados paar una clase de idiomas...

Creo que una de las medidas que ayudarían a mejorar la situación sería el desdoble de grupos y la posibilidad de trabajar con grupos más pequeños. Baste decir que cuando acude la lectora estadounidense que me han asignado, aunque trato de que hable con todos y todos participen, no creo que un alumno hable más de dos minutos por sesión. Además se deben tener en cuenta los alumnos que por timidez no participan o desconectan de la clase.

En definitiva, opino que una de las medidas que se podrían aplicar para mejorar la enseñanza de idiomas es reducir la ratio, al menos en las clases de inglés, cosa bastante costosa para las administraciones, con lo que seguiré intentando ayudar a mis alumnos ocn los medios a mi alcance.

La especialidad necesaria para ser profesor de CEPA: la polivalencia

Desde el curso 2006 ejerzo como profesor en el CEPA de El Molar. Para los profanos en siglas y acrónimos, tan utilizados en el argot de la burocracia del sistema educativo, un CEPA es un Centro de Educación de Personas Adultas. El CEPA en el que trabajo es un CEPA comarcal, es decir, que los profesores somos itinerantes, enseñamos en varias localidades adscritas al CEPA cabecera (en este caso en El Molar)

Los cepas son centros que acogen a un alumnado muy variado, concretamente, en el nuestro se imparte Español para Extranjeros, Informática I y II, Ofimática, Diseño de páginas web, Historia del Arte e Inglés. Todas estas materias son las denomidas de Desarrollo Personal, una especie de asignaturas abiertas. Sin embargo la función de los cepas se concentra mucho más en las Enseñanzas Básicas, tanto de Primaria como de Secundaria y en el caso del CEPA del El Molar, también se imparte la modalidad de Secundaria a distancia.

De toda esta variada oferta se colige la variedad de especialistas que ejercen la docencia. Hay profesores de Primaria, especialistas en Inglés, en Educación física, informáticos, Profesores de Secundaria especializados en Inglés, Lengua, Geografía, Matemáticas, etc. Todo esto es la teoría porque la especialidad que realmente tienen los profesores delos cepas es la especialidad de la polivalencia.

Cuando el curso 2006/2007 caí en este centro de El Molar, sólo sabía que era de adultos e itinerante. Los primeros días de septiembre nos dieron un curso específico para la Enseñanza de Adultos; a continuación me dieron mi horario compuesto por las siguientes asignaturas: inglés (mi especialidad), informática 1, Historia del Arte, Ciencias Sociales, Historia de las Ideas políticas y Geografía e Historia de la Comunidad de Madrid. Toda esta panoplia de asignaturas me encantó porque a parte de maestro, soy licenciado en Historia y he ejercido como profesor de tal materia y de Historia del Arte en la Universidad de Alcalá. Comencé mi trabajo con un alumnado que asistía voluntariamente (... enorme ventaja de los centros de aultos) y enseñando una serie de materias para las que me había preparado en la facultad y que luego había estado impartiendo en la Enseñanza Superior. Hasta ahí, todo estupendo, pero cuando asistí al primer claustro comencé a darme cuenta de las dificultades que tienen que afrontar los profesores de adultos.

Los profesores de los cepas deben enseñar una serie de materia ejenas a su especialidad, lo que supone un esfuerzo añadido pues amén de adaptarse a los grupos heterogéneos característicos de este tipo de centros, es necesario aprender sobre la marcha los nuevos contenidos que se impartirán. Con esto no pretendo sobrevalorar a los profesores sino hacer patente que la profesión de docente no se reduce a dormirse en los laureles de lo aprendido o enseñado tiempo atrás, también significa tener capacidad de adaptarse, de aprender nuevos contenidos y lo que es más importante, componérselas para transmitirlos.

En definitiva, desde mi puesto de profesor de adultos me gustaría reivindicar la profesión de docente y remarcar algo que creo que se ha olvidado: la dificultad de trasmitir conocimientos, especialmente a un alumnado tran exigente y crítico como los adultos, alumnado al que hay que enganchar para que no abandonen y  puedan compatibilizar sus obligaciones laborales, maritales o fiiales y familiares con los estudios. Cualquiera no es apto ni capaz para enseñar.

La enseñanza a extranjeros: mi experiencia como profesor de Español en Cáritas

En 1993 me encontraba estudiando Historia en la Universidad de Alcalá cuando mediante un amigo accedí al voluntariado en Cáritas como profesor de Español en el Programa de Inmigrantes de Cáritas Diocesana de Alcalá de Henares.

Cuando me propusieron colaborar con Cáritas, mi experiencia docente entonces se reducía a la impartición de algunas clases particulares. Pensé que sería bueno empezar mi andadura en el mundo de la enseñanza por un proyecto tan bonito y fascinante como ése.

En aquellos años la inmigración que estaba llegando a España era diferente de la actual. La mayoría de mis alumnos eran de países del este de Europa. Era una época en que a Alcalá llegaban semanalmente gruposde inmigrantes irregulares desde Ucrania, Bulgaria y Rumanía, (estos últimos en menor medida que hoy en día...) amén de la colonia polaca ya establecida. La mayoría de esas personas no eran jóvenes (pasaban de la cuarentena muchos de ellos) y tenían casi todos formación superior: profesores de Enseñanzas Medias, maestros, médicos y los que no, tenían una gran formación ténico-profesional, propia de los regímenes comunistas del este de Europa: fresadores, electricistas, obreros metalúrgicos... ¡hasta un "ingeniero de hacer pan"! (... según decía él)

Los grupos eran heterogéneos y una misma clase de nivel inicial podía estar compuesta por ucranianos, búlgaros, rumanos, polacos y algún persa. La clase transcurría integramente en español pues uno de los primeros objetivos que me marqué fue el de no utilizar en el aula ninguna otra lengua de comunicación que no fuera el castellano. Es curioso que cuando se producía una nueva incorporación, yo pedía al grupo que explicara ciertas normas sobre la asistencia a clase, el Programa de Empleo, etc... por supuesto yo sabía que las personas de esa edad habían sido obligadas a estudiar ruso muchos años  en la escuela pero lo que me sorprendió es que, a pesar de que el ruso era una especie de "lengua franca" entre ellos, ...¡se ne negaban a usarlo! ¡Se negaban a usar una lengua impuesta pese a ser el mejor modo de resolver la situación!

Poco a poco fui cogiendo tablas y desarrollando habilidades docentes en el aula, aunque debo decir que me vi favorecido por dos factores:

1. La facilidad de aprendizaje que por su simplicidad fonética proporciona el español.

2. La dificultad de cada una de las lenguas vernáculas del grupo hacía el español aún más fácil de aprender.

El español que necesitaban era para salir del paso: ir al médico, buscar trabajo, frecuentar la Administración, pero en aquellas primeras hornadas de inmigrantes, creo que debido a su gran formación, el interés iba más allá y tuve que comenzar a profundizar más en aspectos gramaticales.

Hoy cuando enseño inglés o español a los adultos ya sé que si no se les explica una regla gramatical o una norma de la lengua en cuestión, creen que no están aprendiendo nada. Realmente sí que aprenden aunque no son conscientes y hay que jugar con el "engaño" de introducir casi en cada sesión una reglita gramatical, un esquemita o una excepción. No sucede lo mismo con los niños que debido a su falta de timidez usan la lengua sin más. Esto es algo que aprendí ahí los primeros días y que aún me sirve.

Mi bautisno de fuego en la enseñanza resultó bien y con el tiempo he ido puliendo mi actutud en la clase, aunque aquellos alumnos muchas veces no necesitaban un profesor sino una especie de amigo en tierra extraña.

Esta experiencia no sólo me sirvió para limar mis defectos como profesor, sino que también aprendí muchas cosas de otras culturas, otras lenguas, otros países y sobre todo de otras personas. En aquel momento fui consciente de que el giro que dí a mi vida abandonando la topografía ( eso era lo que estudiaba antes de hacer Historia) fue correcto: dejé de trabajar con máquinas para trabajar con personas.